María José de la Cruz no llegó a la actuación por casualidad. Su camino comenzó mucho antes de pisar un set, con el cuerpo como primer instrumento y la música como idioma materno. Del ballet al hip-hop, del flamenco a la danza contemporánea, su formación multidisciplinaria la llevó hasta Los Ángeles para estudiar en The American Academy of Dramatic Arts, donde además de pulir su técnica, encontró en los acentos y el fonetismo una obsesión que la acompañaría para siempre.
Hoy, de regreso en México, estrena Hotel Todo Incluido, la nueva serie de ViX donde interpreta a Cecilia, un personaje que esconde un amor tan profundo como silenciado. En esta entrevista, María José habla sin filtros de sus miedos, sus deseos y esa fuerza que pide a la vida para hacer lo que la asusta.
Para empezar, hablemos del origen de todo. Vienes de una formación que combina danza, actuación y escritura, con disciplinas que van del ballet al hip-hop, pasando por el flamenco. ¿Cómo influye esa base tan diversa en la manera en que construyes un personaje? ¿Entras primero por el cuerpo, por la voz o por la emoción?
¡Qué buena pregunta! Entro siempre primero por la historia de a quién le estoy dando vida y luego me voy por la música o por el cuerpo. Para mí, la música ha sido un idioma toda mi vida y lo conecto mucho con los personajes; ya de ahí, trabajo la fisicalidad. El tener la formación de baile que he tenido, sin duda, ha sido la mejor manera de entender a mi cuerpo como instrumento y, de ahí, navegar distintas maneras de caminar o de moverme para cada personaje.
Tenemos el dato de que estuviste en Los Ángeles para estudiar en The American Academy of Dramatic Arts. ¿Qué fue lo más difícil de ese salto y qué aprendiste allí que no hubieras podido aprender en México?
Definitivamente, lo más difícil fue irme a otro país yo sola, sin conocer a nadie ni nada de lo que me esperaba. Creo que eso me hizo crecer y aprender más que cualquier escuela o que haberme quedado en casa de mis papás. En temas formativos, algo por lo que siempre le estaré agradecida a Los Ángeles, además de los maestros y clases que pude tener, fue todo el mundo del fonetismo y los acentos: poder pasar de un acento inglés a uno irlandés, a uno de Nueva York, todo con teoría y práctica, y poder emplearlo en cualquier acento del idioma que quisiera aprender. Soy una apasionada de imitar acentos con mis amigos, y aprender a hacerlo profesionalmente fue como entrar a una tienda llena de dulces.
En ese proceso escribiste e interpretaste una pieza autobiográfica. ¿De qué trataba y qué significó para ti poner en escena tu propia historia? ¿Fue un acto catártico o más bien un ejercicio de distancia y observación?
Creo que fue un poco de ambas. Definitivamente, tomó mucha observación y se volvió algo catártico. La pieza se llamaba Estuche de Monerías, y retomando un poco el tema de los acentos y mi amor por ellos, decidí fijarme más en cuándo y dónde utilizaba todos, y eso me llevó a desglosar ocho versiones de mí misma y cuándo salen a “jugar”: la yo que se enoja, la yo que baila, la yo que defiende, la yo que es curiosa, la yo que habla español, la yo que es mi elegancia… y así navegué con distintas voces y fisicalidades todas las partes de mí, resultando en algo sumamente observativo y catártico para abrazar a esa María José que es un estuche de monerías.
Ahora llegamos a Hotel Todo Incluido. Cecilia, tu personaje, llega con una historia de amor oculto y negado. ¿Qué fue lo que más te conectó con ella y qué fue lo que más te costó interpretar?
Creo que lo que más me conectó con Cecilia fue esa lucha por poder gritar quién es. Mucho tiempo yo peleé por encontrarme o definirme. Pero al mismo tiempo, siempre he sido muy directa. Y eso fue lo que más me costó: poder hacer el cambio, el momento en que Cecilia ya puede decir lo que quiere, darle esa fuerza, más allá de la libertad con la que yo diría las cosas.
Cecilia es la mejor amiga de la novia y su relación revela un amor que ambas han intentado esconder. Hay un peso muy grande en la idea de “lo que no se dice”. ¿Cómo trabajaste los silencios de Cecilia, todo aquello que su personaje no verbaliza pero que el espectador debe sentir?
La idea de que los ojos son las puertas del alma creo que se vuelve lo más real en la pantalla. Muchas veces, como espectadores o en nuestro día a día, entendemos mucho más con una mirada que con lo que se dice. Con Cecilia me tocó jugar mucho con eso y con su respiración para generar esas tensiones.
La serie se mueve entre la comedia, el romance y la fantasía. ¿Cómo es el rodaje de una producción que mezcla tantos registros? ¿Te resulta más fácil moverte en un tono que en otro?
Esto fue de lo primero que platiqué con Piti cuando nos sentamos a hablar de Cecilia. Yo, en su momento, me asusté con tantos registros y el no perderme solo en uno o dejar atrás otro. Pero la verdad fue un rodaje lleno de tanta alegría, profesionalismo y ganas de hacerle justicia a tantas historias tan lindas, que todos juntos vivíamos en esa fantasía y risas.
El elenco incluye nombres como José Eduardo Derbez y Sofía Castro. ¿Cómo fue la dinámica en el set? ¿Hay alguna anécdota de rodaje que refleje ese ambiente entre comedia y caos creativo?
Fue la primera vez que me tocó trabajar con un elenco de tanto renombre, y fue una gozada. Siempre existió una dinámica de colaboración creativa y risas entre tomas, sin perder el foco. ¡Creo que lo más difícil era justo no romper personaje cuando alguien en escena lo estaba haciendo tan bien! Pero para eso, después del corte, compartimos risas y cumplidos.
Has explorado la actuación, la danza y la escritura. ¿Hay alguna de estas disciplinas a la que sientas que quieres volver con más fuerza en los próximos años? ¿Directora, guionista o algo que aún no has probado?
Definitivamente, la escritura es algo que nunca solté, pero que quiero reforzar. Estoy escribiendo el guion de una película con un muy buen amigo de Los Ángeles, y es un proyecto que me emociona mucho. La dirección es algo que también me gustaría explorar más. En la universidad lo hice de manera muy casual y con amigos; ahí le encontré el gusto, pero me falta mucho por aprender.
Fuera de los sets, ¿cómo es María José? Cuando no estás interpretando a nadie, ¿qué te reconecta contigo misma? ¿Un lugar, una música, un movimiento, una rutina?
Siempre estoy escuchando música; me encanta, me conecta y siempre me lleva a moverme. Soy feliz bailando por la vida: en el súper, en la calle o en el coche. Además de eso, amo el incienso y siempre llevo uno en mi bolsa. Me encanta poder prenderlo y crear espacios mágicos para estar o meditar a lo largo del día.
Para cerrar esta primera parte: si pudieras pedirle un deseo a la niña mágica de Hotel Todo Incluido, sin pensar en la carrera, sin pensar en el personaje, solo para ti… ¿qué pedirías?
Tener siempre las fuerzas para hacer lo que me asuste.
Para conocer más de María José
- Si Hotel Todo Incluidofuera un cóctel, ¿cuál sería y por qué?
Long Island, porque te sabe a té helado y muy inofensivo, como el irte de vacaciones a un hotel; pero a medida que más lo disfrutas, te va enseñando nuevas facetas.
- ¿Un papel que te hubiera encantado interpretar y que no sea tuyo?
El papel de María José. Creo que navegar encontrarte contigo misma, pero de niña, y lo que eso implica siendo adulto, y qué tan diferente ves el mundo… está increíble.
- ¿Qué es lo más mexicano que llevas contigo donde quiera que estés?
Bolsitas de salsa Valentina.
- ¿Un hobby o talento oculto que tus seguidores no se imaginarían de ti?
Me encanta hacer grullas de papel (origami) con recibos, con papeles de chicle o con cualquier papel que me encuentre, y dejarlas por todos lados.
- Si pudieras elegir una canción para que suene en los créditos de tu vida, ¿cuál sería?
“Hey María” de Elderbrook Remix.
Sigue a María José en Instagram: @mariajose.delacruzc
Créditos
Fotografía: @em_headshots
PR: @_boknegra
Entrevista: David Patiño Torres @bavidbavid